La lucha contra el "obestrés"

Sedentarismo e ingesta excesiva o inadecuada de alimentos, son las causas más comunes de sobrepeso u obesidad. No obstante, el estrés emocional - esa ansiedad desproporcionada e inoportuna debida  a una sobrecarga consciente o inconsciente de insatisfacciones de trabajo, sentimentales, familiares, tristezas... - es uno de los estímulos nocivos más relevantes, porque nos induce a excedernos en la comodidad del descanso o en el placer de la mesa.

 

Por tanto, un hambre desmedida o "ansia de picar" incontrolada entendida en muchas ocasiones porque "el cuerpo lo necesita", nunca es motivo de desatención o menosprecio, pues se trata de Trastornos Intermedios de Conducta Alimentaria que provocan disfunciones hipotalámicas y neurohormonales de serias consecuencias.

Los pequeños excesos crónicos en la comida y bebida, son más importantes que una accidental hipernutrición, pues producen de modo imperceptible, un aumento progresivo de peso, que puede desembocar con el tiempo en la enfermedad más común de nuestros tiempos y que se llama obesidad.

Actualmente el problema reside en ese fenómeno obesogénico (autocomplacencia y reposo excesivo), que hace que una cantidad de alimentos relativamente moderada se transforme en una sobrealimentación.

Para paliar este problema debemos emplear la psiconutrición, donde debemos decidir, controlar y en caso de vencernos la tentación, compensar pero sin agobiarse.

La dieta óptima para perder peso y mantenerse delgado debe tener como objetivo que el individuo que la realiza quede satisfecho, por lo que la solución está en preparar comidas con pocas calorías que si se pone un poco de imaginación culinaria, además de buenas resultan apetitosas.

El modo de aumentar el poder saciante de la dieta, con el fin de que nos sintamos llenos con menos calorías, está basado en el empleo de alimentos que contengan un bajo índice glucémico y un elevado contenido en fibra pues esto enlentece la metabolización y digestión de los alimentos, reduce la cantidad de insulina liberada por nuestro organismo y en consecuencia la sensación de hambre aparece más tarde. Además la dieta debe aportar también un porcentaje adecuado de proteínas ya que tienen una acción rápida y eficaz de inhibición de la sensación de hambre y de grasas, pues éstas inhiben el vaciado del estómago y ralentizan enormemente la digestión, hechos que contribuyen a incrementar el efecto saciante.

Para conseguir todo esto, se deberán adecuar estos porcentajes en función de las necesidades de cada individuo y la cantidad de ejercicio físico que realicen.

Así pues, el mejor medicamento que existe para controlar el ansia de comer es... decidirlo y la solución al exceso de peso es comer con cabeza.